¿Cómo era el amor y el matrimonio en la cultura maya?

Matrimonio Maya

El matrimonio maya más que un rito de amor era una unión establecida por los sacerdotes, quienes se encargaban de organizar y concretar los lazos entre un hombre a partir de 18 años y una mujer a partir de 14 años. Estos hablaban directamente con los padres de cada uno, teniendo presente la posición social de ambos, así como el beneficio que estos obtenían a través del matrimonio.

El padre de la novia se encargaba de imponer una cuota de trabajo para el novio, con una duración de entre cinco y siete años, donde tenia que realizar actividades relacionadas a la agricultura, así como dedicarse también a cazar animales para el sustento familiar. El padre del novio debía pagar al padre de la novia el monto de las arras, que normalmente se componía de artículos de poco valor.

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Durante el tiempo que el novio servía a la familia de la novia, su futura suegra se encargaba de educar a su hija para el matrimonio, pendiente de que su hija cumpliese con las obligaciones de esposa. En algunos casos, el novio cesaba el trabajo sin que se cumpliera la cuota establecida, siendo esto un motivo por el cual podría no llevarse a cabo el matrimonio y este fuese echado de la casa.

Una vez que llegaba el momento de la boda, personas de la tercera edad llevaban en sus hombros a la novia hasta la casa del novio; el rito era llevado a cabo por uno de los ancianos y consistía en atar los extremos de las mantas, mientras que los incitaba a cumplir su deber con los dioses y con su pareja. Estos recibían regalos, bendiciones, oraciones e instrucciones.

La consumación del matrimonio se consideraba hecha una vez que la mujer le hiciera comida al hombre. Lo mismo pasaba para personas que se casaban por segunda vez, quienes muchas veces se unían sin ceremonia alguna, pero con el simple hecho de que la mujer le hiciera la comida, ya eran vistos socialmente como un matrimonio.

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Si bien el matrimonio maya era monógamo, este no era considerado eterno, ya que podían ocurrir divorcios, llevando así a que estas personas se pudiesen casar nuevamente las veces que lo desearan. El adulterio no era apoyado por la cultura; las penas que se pagaban por haberlo cometido eran el repudio público a la mujer y la muerte al hombre, en algunos casos la mujer también recibía pena de muerte.